viernes 4 de diciembre de 2009  
Mario Olguín, creador de Beatlemanía:
"Somos la mejor banda Beatles del mundo"
 
Beatlemanía cumple 20 años de carrera y lo celebra como corresponde: con un show el próximo 7 de diciembre en el teatro Nescafé de las Artes junto a una Orquesta Filarmónica y un coro de quince niños. El guitarrista y líder del grupo se refiere a los de Liverpool como John, Paul, George y Ringo, dice que todas las bandas que vienen a Chile son malos imitadores y recuerda su lamentable encuentro con Paul McCartney en la capital inglesa.  

Felipe Rodríguez C.  

La madrugada del 1 de junio de 1980 permanece en el recuerdo colectivo de la mayoría de los chilenos. Ese día, Martín Vargas se enfrentó en Tokio al campeón japonés Yoko Gushiken por el título mundial mini mosca de la Asociación Mundial de Boxeo. Mario Olguín, el futuro director de Beatlemanía, también se encontraba esa noche frente a la TV con unos amigos. Para paliar la espera, hicieron algo que Olguín jamás olvidó: tomaron unos instrumentos e interpretaron canciones de Los Beatles. El resultado para el doble musical de John Lennon fue desastroso. Durante los siguientes meses, todos siguieron juntándose a tocar temas de los cuatro de Liverpool. Salvo él, desafectado por su escasa pericia musical. Pero quedó feliz: fue la primera vez que se puso en la piel del grupo.

Durante su infancia y adolescencia en su natal Villa Alemana, Olguín no tuvo mayor empatía por Los Beatles. Lo suyo eran los grupos latinos. Participó en festivales estudiantiles cantando temas de Dyango, Raphael y, especialmente, Los Iracundos, su banda favorita. "Me sabía todas las canciones de ellos, aunque nunca fui bueno para tocar guitarra", indica. El giro de Olguín tiene nombre y apellido: "El Álbum Blanco" (1968). Dice que escuchar "Happiness is a Warm Gun" fue un aullido en su cabeza. Una melodía que divide en dos su gusto por la música. "Quedé loco. Conocía temas como 'She Loves You' que eran más dulzones, pero ese disco tenía experimentación y riesgo. Desde esa vez, allá por el año 74, que me hice fanático. Empecé a coleccionar todos sus discos", recuerda. Cuatro años después, tuvo su primer aviso. Un día, mientras estudiaba en la casa de un compañero, una persona llamó por teléfono y no lo reconoció. Más bien, lo bautizó. "¿Con quién hablo?, me dijo. Con el Mario, le respondí. 'Oye, hablai igual a John Lennon, te pasaste'. El tipo, que era hermano de mi compañero, captó mi timbre y desde ahí que me aluciné con John", señala.

El músico se tituló de ingeniero, comenzó a hacer clases en la Universidad Católica y trabajó siete años en la Corfo. En esa labor estaba cuando, en plena segunda mitad de los 80, formó una banda con amigos y se dio cuenta del impacto que producían Los Beatles en la gente. Le gustó tanto que renunció a su trabajo. "Pero el resto no me siguió y quedé tirado", explica. Volvió a ponerse terno y corbata, esta vez como jefe de Informática en Isapre Consalud, pero aguantó un año y medio. "Renuncié en julio del 89, registré Beatlemanía, formé mi banda y me lancé", cuenta.

Hoy, el músico es el mayor exponente del legado beatlesco en Chile y confiesa que durante estos veinte años de independencia ha llevado la vida que siempre quiso tener. Tiene 57 años, sin pareja, sin hijos y una enorme casa en La Reina que ocupa como centro operacional. Allí tiene su sala de ensayo, su oficina, sus escritorios y sólo una cama con un par de muebles que atestiguan su existencia. Cuando no tiene trabajo, pone unas cuarenta sillas en el living y organiza shows. Lo mismo sucede para el Año Nuevo. Cobra $15.000 pesos por persona y en su extenso patio hace un recital que mezcla canciones donde conviven Led Zeppelin, The Hollies, Rolling Stones y, por supuesto, Los Beatles. "No hay mejor carrete para el Año Nuevo. Nos juntamos con gente conocida, hay cabros chicos corriendo por la casa y nos quedamos cantando hasta la madrugada. Espectacular", relata.

EL IMPERIO BEATLES. Mario Olguín sabe que la competencia es durísima. Cada seis meses vienen al país grupos que hacen versiones de Los Beatles, pero no se preocupa. Es más, al día siguiente de su show en el teatro Nescafé de las Artes -7 de diciembre, 21 horas-, una banda comandada por Lousie Harrison, hermana del desaparecido George, tocará en el teatro Caupolicán. "Los músicos que vienen a Chile son todos malos. Ponen pistas grabadas, se visten como Los Beatles y chao. Estoy seguro de que John y George se deben revolcar en su tumba, y a Paul tampoco le gusta. Te digo algo: no me caen mal esos grupos, pueden llegar a ser amigos míos, pero quiero que la música de Los Beatles sea mirada con respeto", indica.

El guitarrista, director y alma de Beatlemanía, asegura que como su grupo no hay dos en el planeta. "Somos la mejor banda Beatles en el mundo, por lejos. Imagínate que para el show del 7 de diciembre, tendremos a una Orquesta Filarmónica, un coro de quince niños. Reproduciremos el sonido de la banda tal como lo escuchas en los discos. Y nunca nos verás con disfraces ni movimientos raros. No tenemos ninguna fijación con ellos", explica.

- Cumples veinte años al mando del grupo. ¿Se puede vivir haciendo covers?

"Mira, si tuviera hijos no podría vivir de esto. Pero no me quejo. Vivo bien porque vivo con poco. Soy muy profesional. No tengo auto porque si me invita un amigo a su casa, me voy a tomar dos whiskies. Si salgo a comer con una amiga, me tomo un pisco sour, una copa de vino, un whisky y no podís manejar. No me caliento la cabeza".

- ¿Qué te dijeron tus padres luego que dejaste un trabajo como ejecutivo para lanzarte a la independencia y como músico?

"Mi mamá me pregunta si tengo Isapre. Y le digo que sí. Si tengo AFP. Y le digo que no. '¿Qué va a hacer cuando sea viejito?', me dice. No sé, le respondo. Seguir tocando a Los Beatles, me imagino" (se ríe).

- ¿Qué es lo que te hace feliz?

"Este tipo de shows como el de los 20 años de Beatlemanía. Mira, el total de entradas para ese concierto son 930 y van vendidas cerca de 700. O sea, ya se llenó. Pero este tipo de shows no los concibo para ganar dinero. Es para darme un gusto. Si pago iluminación, acomodadores, músicos, y me quedan diez lucas para comprarme un Johnnie Walker con hielo y unos cigarros, digo: la hice bien. La plata la gano en eventos de bancos o casamientos".

- ¿Y salen muchos de esos trabajos?

"Sí, todas las semanas. Tenemos más de dos mil shows en el cuerpo. La semana pasada hicimos tres el mismo día. Estuve tocando en Calama y mandé a los Beatlemanía Jr. a tocar en San José de Maipo y luego en Tobalaba. Mañana -sábado pasado-, por ejemplo, tengo un matrimonio en Casa Piedra. El novio es fan de los Beatles y cantará cuatro canciones con nosotros. Va a estar bueno. Me pidió hasta temas de los Rolling, de Genesis. De puro mirar el tracklist, hasta a mí me dieron ganas de casarme" (se ríe de nuevo).

PAUL MAC CARTNEY Y YO

El fanatismo de Olguín por los de Liverpool es tan grande que desde 1997 organiza un paseo anual por Londres y Liverpool. Allí, junto a un promedio de quince personas realiza un recorrido por los lugares más trascendentales en la historia beatlesca: los estudios Abbey Road, las casas donde vivieron en Liverpool y el pub The Cavern, entre otros. "Un día estaba cantando en un programa del Pollo Fuentes cuando me preguntó qué venía para Beatlemanía. Me pilló de sorpresa y le dije que estábamos preparando una visita turística a Inglaterra para recorrer lugares sagrados del grupo. Di mi teléfono al aire, y cuando volví a mi casa tenía el contestador saturado de llamadas. Fuimos 44 personas esa vez. Pero eran muchos. En el metro se me perdieron varios y quedé enfermo buscándolos", indica.

El guitarrista atesora como su mejor recuerdo una tocata en el mítico pub The Cavern junto a su banda. Les pagaron 120 libras, la misma cantidad que recibía el cuarteto durante sus primeros shows en su ciudad. "Fue un pago simbólico, pero cumplí otro sueño".

Sin embargo, la gran oportunidad de estar junto a uno de sus héroes fue desperdiciada por Olguín. En 2002, hizo un tour por Miami donde tocaba Paul McCartney y luego prosiguió el periplo a Londres junto a sus ocasionales compañeros. Cuando llegaron al aeropuerto de Heathrow, en la capital inglesa, se encontró con un tipo igual al bajista, pero que, según Olguín, era más joven. Algunos lo reconocieron y se acercaron a él. Menos Olguín, quien estaba convencido de que era un doble haciendo el mejor tongo de su vida. "Pensé que era un doble y que se estaba riendo de nosotros. Fui el único que no quise ir por esa cosa del orgullo chileno. Cuando de repente, veo a una cojita que se acerca y saluda a Paul, era su ex esposa -Heather Mills-. Saqué como pude la cámara, me imaginé la foto en la página de Beatlemanía y Paul me mira y me hace un gesto de que no quiere nada. Me quería morir", dice.

- Si hubiese una banda en la vida que no fueran Los Beatles. ¿En cuál te hubiese gustado estar?

"En Los Rolling Stones. Siempre fueron los más rockeros".

 Bandas tributoEl fenómeno es reciente. Desde esta década que las bandas tributo lograron ser miradas con atención y no con desprecio. Si en Las Vegas, Estados Unidos, aparecieron hace muchos años los dobles de Elvis Presley y Frank Sinatra para amenizar las jornadas nocturnas en los casinos, en el mundo el experimento se esparció. Para Mario Olguín, estos hechos son positivos, aunque hace sus diferencias. "Tú ves a los que vienen a hacer covers de Los Beatles y vienen a llenarse los bolsillos", remarca y añade que Beatlemanía responde a la profesionalización de este tipo de bandas. "Cuando fuimos al festival de Viña en el 93, mis compañeros se empezaron a creer el cuento y no llegaban a la hora a los ensayos. ¿Qué pasó? Les empecé a aplicar multas, se enojaron, me trataron de dictador, se fueron y formaron una banda que se llamó Beatles For Ever que duró cuatro meses. Yo, al día siguiente, tenía músicos nuevos. El grupo es mi empresa y no puedo fallar", cuenta.

Felipe Rodríguez C..

   
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